Cómo llegamos de los datos crudos a un orden. Cinco criterios, cada uno con su peso; nada de puntajes a ojo ni acuerdos que muevan una posición.

El armado del puntaje
Cada operador recibe una nota por criterio y esas notas se combinan según los pesos de abajo. La licencia manda: sin habilitación vigente del IPLyC no hay evaluación posible, punto. Sobre esa base pesan más los aspectos que protegen tu dinero —pagos y seguridad— que los que hacen a la experiencia. Los pesos suman 100 y los revisamos cuando el mercado se mueve.
Verificamos la habilitación provincial y el dominio .bet.ar. Es un filtro de entrada además de un puntaje: una casa sin registro válido no aparece en la guía, sin importar cuán buena sea su oferta. La transparencia sobre el titular de la licencia suma.
Medimos variedad de métodos, plazos reales de acreditación y claridad de las condiciones de cobro. Un retiro que se cumple en el tiempo informado vale más que una promesa vistosa. Penalizamos requisitos poco explicados o demoras recurrentes.
Cifrado del sitio, proceso de verificación de identidad, manejo declarado de datos y herramientas de control de juego. Nos interesa que la casa dificulte el acceso a menores y facilite límites y autoexclusión.
Canales disponibles, cobertura horaria, idioma y capacidad real de resolver un reclamo sin escalarlo tres veces. Valoramos la trazabilidad de cada caso más que la rapidez de un saludo automático.
Amplitud del catálogo, calidad del producto en vivo y condiciones de las promociones descritas de forma factual. Un bono se pondera por sus términos —requisitos, plazos, mercados válidos—, nunca como una ganancia asegurada.
Los pesos reflejan una prioridad clara: primero que sea legal y que puedas cobrar; después, que la experiencia sea buena. Cuando dos casas quedan parejas, gana la que ofrece más protección al usuario, no la que tiene el bono más llamativo.